Vida universitaria

El Niño nos desafía: una oportunidad para reconocer y afrontar la crisis socioambiental

12/10/2026

Artículo de opinión escrito por Martha Bell y Víctor Santillán, coordinadores del curso obligatorio “Medio Ambiente y Sostenibilidad: el cuidado de nuestra Casa Común” (3INT10) de EEGGLL.

El Fenómeno El Niño (FEN) nos muestra claramente que los desafíos ambientales no le corresponden a una ciencia en particular ni deben reducirse a un saber técnico. La Organización Meteorológica Mundial explica que éste es un fenómeno natural que ocurre cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan más de lo habitual, provocando cambios en las lluvias y las temperaturas en distintas partes del mundo. Sus consecuencias se manifiestan en la economía, la salud, la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua, la agricultura y la pesca, la infraestructura, la educación, los ecosistemas, los medios de vida y, en general, en el bienestar de las personas y comunidades.

¿Qué está sucediendo en el Perú? El más reciente comunicado oficial de la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) N.º 17-2026 mantiene la Alerta de El Niño Costero con magnitud extraordinaria respecto al calentamiento del mar hasta enero de 2027, reduciéndose hacia el otoño. Para octubre-diciembre de este año se prevén precipitaciones superiores a lo normal en sectores de la costa norte y central, mientras que la sierra sur y la Amazonía presentarían lluvias de condiciones entre normales y deficitarias. Por ello, este fenómeno climático es también un desafío social al interactuar con nuestras formas de habitar, producir, prevenir y organizarnos.

¿Qué tienen en común un pescador sin peces, un agricultor sin agua y un estudiante soportando más calor en el aula? Los informes oficiales y las proyecciones meteorológicas esconden la realidad experimentada por las personas y los ecosistemas. La data no necesariamente capta la preocupación del pescador que cada día atrapa menos peces, o la de lobos marinos y pelícanos sufriendo por la misma falta de alimento. Tampoco puede registrar la ansiedad del agricultor que enfrenta sequías que amenazan su cosecha, la seguridad alimentaria de su familia y la afectación económica de cientos de miles de familias ante el incremento de los precios de la canasta básica. Tampoco es un buen indicador del calor que podría sofocarnos en las aulas durante esta singular primavera.

En ese contexto, es oportuno recordar que la sociedad y la naturaleza constituyen sistemas inseparables, atravesados por interdependencias, retroalimentaciones y dinámicas que operan en diferentes escalas. Esta interdependencia fue expresada con especial claridad en la encíclica Laudato si’: “no existen dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una compleja crisis socioambiental, cuya solución requiere aproximaciones integrales que consideren simultáneamente los sistemas naturales y sociales” (Francisco, 2015 n. 139).

El Niño es una clara expresión de esta interdependencia: la vulnerabilidad no depende solo de la intensidad del evento físico, sino también de nuestras condiciones sociales y capacidades de anticipación y respuesta. En ese sentido, los desafíos ambientales requieren procesos interdisciplinarios e intersectoriales. Comprender El Niño nos exige articular ciencias naturales y humanas, desde un enfoque integrador basado en el análisis de información de diversas fuentes y a diferentes escalas, considerando sus impactos a diferentes comunidades y sectores y promoviendo respuestas colectivas para reducir los riesgos y transformar este desafío en una oportunidad para construir una sociedad más resiliente, justa y sostenible.

Precisamente ese es uno de los aprendizajes que promueve el nuevo curso obligatorio común en EEGGLL, porque El Niño y todos los demás desafíos ambientales exigen a los profesionales de hoy y del mañana poner en diálogo saberes y disciplinas: geógrafos y científicos que comprendan el fenómeno, ingenieros que desarrollen infraestructura resiliente, economistas que evalúen impactos, gestores que anticipen riesgos, autoridades y políticos que responden a las necesidades de sus comunidades, comunicadores que traduzcan evidencia, juristas y especialistas sociales que construyan justicia, cultura y participación. El mayor desafío no es sólo resistir El Niño, porque volverá nuevamente, sino tomar mejores decisiones, desde distintas disciplinas y saberes, para el cuidado de nuestra Casa Común.